
Yo estaba borracho y me puse a conversar con una chica que estaba sola en el comedor, “N”, que estaba sola y aburrida, la lleve a conocer mi casa y como que enganchamos entre que conocía mi huerta y mis perros, luego que el carrete termino todos estaban conversando en el living y nos sentamos, sin darme cuenta termine apoyándome en sus pechos cosa que, a mi sorpresa, a ella no le molesto. paso un rato, la cumpleañera se fue a dormir y a mi me dio sueño
- me voy a dormir- le dije a la gente y partí a mi pieza
- aun no me muestras tu pieza- dice ella y me sigue
la tomo de la mano y entramos, cierro la puerta, ella comienza a besarme y llevarme hacia mi cama. yo solo atine a reírme y besarle de vuelta. estábamos en eso y me empiezo a calentar, ella se da vuelta y me comienza a mover su trasero a lo que yo respondí agarrándole los pechos y besandole el cuello
en ese momento e acorde del consejo de un amigo ” si quieres que una mujer se excite muérdele la oreja fuerte” y lo hice … me puse medio animal y le mordí la oreja y “aaaahhh” “N” soltó el gemido mas rico que he escuchado. y se dio vuelta de nuevo para mirarme y comprobar que tenia una erección gigante en mi pantalón, me miro a los ojos y - la quiero adentro - dijo. me rei mucho de ella y seguí besándola mientras le sacaba la ropa, ella intentando sacarme la mía sin muchos frutos por los botones. era muy gracioso como ella le daba pena no poder desabrocharme aunque a mi no me importo, estaba demasiado concentrado en besarle los pechos. al fin termine ayudandole y ella comenzó a masturbarme. estuvimos así un rato, derrepente se para, se saca la ropa interior ,se me sube, me toma el pene y lentamente lo mete, comienza a moverse. yo estaba muy caliente y era todo muy rico
mientras todos en la casa dormían.
ella comenzó a gemir muy fuerte , a mi me encantaba pero no quería que nos escucharan así que le dije que se callara por lo que comenzó a morderme con lo que me hizo gemir a mi la malvada . al final cambiamos de lado por que a mi me costo mucho irme con ella encima, yo subí mucho el ritmo hasta que estábamos los 2 a punto de irnos entonces la saque y me fui en su estomago mientras ella me rasguñaba la espalda
luego de eso yo quería seguir pero ella se levanto, se fue y no la vi mas .. solo me quedo el lindo recuerdo de esa noche entretenida.
Anónimo

Me fui caminando al Mall un día Viernes en vísperas de Navidad. La atmósfera era la esperada en ese lugar y en toda la ciudad. Cuesta hacer crítica en una sociedad que basa su felicidad en consumo; pero es más difícil cuando uno cae en el mismo juego egoísta de los regalos y fiestas forzadas.
La idea no era ser el Grinch entre mis amigos así que accedí a participar en el juego del amigo secreto que, como todos los años, organizamos para justificar una fiesta más. Me había tocado un regalo fácil así que mi plan era ir al Mall, llegar a la librería y encontrar el mejor libro que pudiera comprar con 20 mil pesos.
Y así fue, entré, caminé, busqué (estuve 1 hora en eso), pagué y me fui a la casa. Venía saliendo cuando la vi en la esquina, la alumna a la que le hice ayudantía, Renata. La miré y ella me devolvió la mirada. Nos sonreímos y nos acercamos.
- Hola, profesor - me saludó
- “Hola Renata” - le contesté
- ¿Anda comprando regalos? - dijo mirando la bolsa
- “Sí” - contesté - “Estoy cumplimiendo con el típico juego del amigo secreto” - agregué
- ¿Y qué regaló? - preguntó
- “Un libro de Fuguet” - dije orgulloso de mi originalidad
- Que bien, pocas personas regalan libros - agregó asintiendo
- “Así es. Y tú, ¿en qué andas? - pregunté enseguida
- Estaba tomando algo con unos amigos acá en la facultad - contestó apuntando a la Universidad que estaba cruzando la calle
- “¿Y por qué no me invistaste?” - dije riendo
- Pero si quiere lo invito, tengo toda la tarde - contestó animada
- “No no, si era broma. Yo tengo que volver” - me excusé
- ¿Y qué es lo que tiene que hacer a esta hora, Profesor? - con una voz insidiosa
- “Bah! Primero que todo no me digas profesor. Segundo, no tengo nada que hacer, así que vamos” - contesté
- Me parece - dijo - vamos!
Y me tomó del brazo, me hizo caminar por unas calles hasta llegar a un pasaje. Dicho pasaje daba a una entrada alternativa que estaba asegurada por dos supuestos guardias que resultaron ser alumnos de la facultad.
- Viene conmigo - dijo al entrar
Seguimos por la facultad hasta llegar a un lugar donde muchos grupos estaban carreteando, nos unimos a uno y me pasaron una cerveza. La verdad es que no recuerdo que conversaban, yo solo tenía ojos para Renata.
- Hace tiempo que no lo veía, profesor - me dijo
- “Dale con eso de profesor” - repliqué - “Yo con suerte era ayudante!”
- Pero es que a mi me gusta decirle profesor - dijo sonriendo
No sé que cara puse pero no pude decir nada. De la pura vergüenza me tiré en el pasto a mirar los arboles, mientras la cerveza pasaba en el grupo. Al segundo Renata estaba apoyada en mi hombro acariciando mi cara.
- Lo echaba de menos por la facultad, profe - me dijo mientras acariciaba mi mejilla
- “¿En serio? Yo echo de menos hacerte clases” - le contesté al oido
- ¿Y por qué no buscamos una sala? - me contestó
- “¿No será muy riesgoso?” - pregunté
- Tiene razón, puede serlo - me contestó
- “¿Y no existirá otro lugar?” - le pregunté subiendo las cejas
- Sí, acompáñame - me dijo mientras se ponía de pie
Y me llevó de la mano entre los pasillos de las salas hasta llegar a algo que parecía el baño de mujeres. Miró para todos lados y me llevó hasta adentro. Me llevó al baño del fondo y puso el cerrojo.
Nos quedamos mirando atónitos y expectantes. Nos acercamos lentamente y mis manos ya rozaban su cadera, mis dedos se metían bajo su polera mientras ella me afirmaba desde el cinturón.
- Cierra los ojos - me dijo
Y mordió mi mentón con una calidez tal que pude sentir el latido de su corazón brotando de su boca. Respondí con roces en su cuello y dirigí su boca hacia la mía, ella no quería, no aún.
Abrió su boca lentamente y su lengua lamió mis labios. Sentí su boca más cercana, pero no me dejaba controlarla. Sus manos dibujaban mi rostro mientras yo actuaba como una marioneta, los hilos que emanaban de sus caricias me tenían controlado.
Cerré los ojos y controlé mis manos, su lengua continuó por mi cuello mientras sentía que sus manos acompañaban a las mías. Sentí su trasero en mis manos y lo comencé a acariciar. La acerqué a mi. Ella se detuvo y me volvió a mirar.
Estuvimos unos segundos observándonos, contemplando nuestro actuar. Cuestioné mi actuar pero no me pude aguantar.
Mordí su boca en un segundo y la besé sin poderme controlar. Mis manos acariciaban su trasero poco a poco, apretando una y otra vez más.
Ella respondía con empujones con su cuerpo; pero la pude controlar. Tomé sus manos y las llevé sobre su cabeza, se dejó besar. Besé su cuello, me guié por su clavicula y afirmado de sus manos la atraje hacia mi. Su cabeza se movía y se dejaba besar.
Seguí por su cuello, seguí en sus curvas con mis manos hasta girarla y dejarla de espaldas a mi. Mis manos subieron por su cadera hasta sus brazos y muy firmemente la puse contra la pared.
Ella, instintivamente levantó sus caderas y se entregó. Comencé a acariciar sus pechos bajo su polera mientras ella movía su trasero hacia atrás. Cada vez nos sentíamos más, ya no había vuelta atrás.
La polera ya no cubría su espalda, y la camiseta transparente ya no estaba en su lugar. Su pantaleta se dejaba mostrar. Mis dedos se acomodaron cerca de su espalda y comenzar a subir hasta su pelo, ella seguía mi movimiento elevando su espalda.
Me acerqué a su oído y comencé a respirarle. Ella respondía con un calor que salía entre sus dientes. Mordí su boca mientras comencé a desabotonar su pantalón, sus caderas querían evitarlo pero mientras más se movía, más cedía.
Metí mis manos entre sus muslos y conocí su pantaleta completa. A esta altura del partido la tensión era inevitable y las ganas de finiquitarlo se tornaban incontenibles.
Me acerqué a ella y la mordí mientras me desabotonaba el pantalón y bajaba su cierre. Los roces eran mas cercanos y mis muslos acariciaban los suyos mientras intentaba besar su cuello y hombros.
No nos podíamos contener, yo trataba de bajar su pantaleta mientras ella la subía con su mano, mis dedos se colaban entre sus piernas y ella las cerraba. Era un sí, era un no. Era un juego de sensaciones bloqueadas por el clima que nos consumía.
Tuve que sacar su mano que tapaba su pantaleta para poder llegar hacia donde me dirigía. Mis dedos comenzaron a recorrerla, se adentraron en su pasión. Mordía sus espalda esperando respuestas. Dos dedos no eran lo suficiente, y nuestro juego era cada vez más caliente.
Con mis dedos tome sus caderas y su trasero, lo acerqué hacia mi y ella con un suave movimiento arrastró mi boxer. Volví a hacerlo; pero esta vez era mi pene rozándose con su pantaleta. Sentí como se metía dentro de ella y ella solo se afirmó de mis manos.
Sin esperar nada, lo metí lentamente, con pantaleta y todo. No fue mucho lo que entró pero lo volví a intentar. La pantaleta cedió y se corrió, ya estaba dentro.
Afirmándome de sus caderas comencé el movimiento. Algo que no quería terminar. Le tapé la boca para que nadie nos escuchara, pero sus gemidos se diluían entre mis dedos que sentían el fuego que emanaba desde su interior.
Tomé una de sus manos y la puse en su espalda, sobre su trasero, y firmemente seguí. Era interminable, inacabable. Eran tantas las ganas que teníamos guardadas que seguimos haciéndolo, acercando nuestros cuerpos.
Ya no era necesario taparle la boca, ella controlaba la situación. Tiré su pelo en más de alguna ocasión y ella parecía agradecerlo.
No teníamos culpa de lo que hacíamos. Quizás no en ese momento. Seguimos en nuestro movimiento.
Cerré los ojos como dando la señal de que esto debía acabar, ella se sincronizó, se ayudó con sus dedos y me acompañó.
Sentí, de pronto lo sentí. Las culpas emergían de mi y se mezclaban con ella en su interior cayendo al abismo del descontrol.
Lo siguiente que pasó, no fue lo mejor. La culpa del descontrol desbocado apagó nuestras gargantas que solo profesaban pasión.
Por mi culpa volví, por tu culpa me fui. No volverá a pasar, me prometí.
